Un nueva faceta de Álvaro Uribe se hace conocida, su obsesión por acabar con la guerrilla de las FARC no le impide dirigir una operación militar de exterminio en el territorio de un país vecino, violando su soberanía; según él, una “persecución en caliente” le lleva a incursionar en suelo ecuatoriano a la caza de los guerrilleros, pero testigos señalan que allí ocurrió una masacre. Los cuerpos de los combatientes estaban en paños menores, otros desnudos, ellos fueron asesinados mientras dormían, bombardeados, no hubo tal persecución.
Asesinar donde sea es la consigna de un gobierno más preocupado de preservar el paramilitarismo como relación mafiosa de nuevo tipo, que de dialogar con los insurgentes, como reclaman amplias capas de la sociedad colombiana; parece más preocupado de preservar los intereses de las clases más acomodadas del país, de las oligarquías que han dilapidado los recursos de un pueblo, que juegan a ser felices en las mansiones de Cartagena de Indias, que de acabar con la miseria de un pueblo, el suyo ; y seguimos, un gobierno que parece estar más preocupado de quedar siempre bien con los Estados Unidos, a quien, da la sensación, de que cada cierto tiempo hay que darles las cuentas de resultados, justificar los millones de dólares provenientes del Plan Colombia, que de dar pasos hacia la paz, pero la Paz con Justicia que reclaman los revolucionarios. Un gobierno que demuestra sus verdaderas intenciones asesinando a una personalidad dentro de la guerrilla, creyendo que con ello la destruyen, y esto, a días de producirse nuevas liberaciones de rehenes por parte de las FARC. Uribe es más de lo mismo, pero más encorbatado, más febrilmente peinado. Gusta del lujo discreto. Es algo así como el asesino yuppie de American Psicho, que ampara el reciclaje de bandidos paramilitares al ámbito del parlamentarismo colombiano. Los hace políticos profesionales, tecnócratas, al alero de un gobierno que los premia de esta manera por haber dejado simbólicamente de asesinar y proteger los intereses de los latifundistas en muchas zonas de Colombia por medio del azote. Álvaro Uribe es, probadamente, responsable de que el 35 % del Congreso colombiano este integrado por personas relacionadas directa o indirectamente con el paramilitarismo, como el caso de la renombrada y mafiosa familia Araújo. Ésta es la manera que el gobierno colombiano tiene de acabar con la guerra que sufre el país desde hace cuatro décadas; sus intenciones están a la vista, como cuando cientos de dirigentes de la Unión Patriótica fueran asesinados por las hordas paramilitares en los 80´.
La guerrilla de las FARC-EP debe ser considerada como fuerza beligerante, controla grandes espacios del territorio colombiano, imparte justicia, fomenta la autogestión económica, es un verdadero ejército de liberación nacional, porque, en efecto, la sustancia de su accionar es liberar al pueblo de Colombia de la explotación oligarca a que han sido sometidos desde antiguo. La recuperación de la dignidad de un país es materia fundamental para los rebeldes.
El gobierno de Uribe, como tantos otros, el de Turbay, Barco, Betancur, Samper y Pastrana, amparados de la Doctrina de la Seguridad Nacional, se han dedicado a aniquilar cuanto huela a ser disidentes de su sistema de explotación. En octubre de 1984, los miembros del Estado Mayor Central de las FARC-EP, en comunicado al presidente Belisario Betancur y en el marco de una nueva iniciativa de paz de los guerrilleros, dicen: “Sin derrotar la teoría de la Seguridad Nacional y sus prácticas siniestras que convirtieron a Chile, Brasil, Argentina y a casi todos los países del Cono Sur y Centroamérica en pantanos de sangre, toda buena voluntad, todo esfuerzo, todo empeño generoso será inútil porque la fuerza bruta encaramada en el poder militar lo harán todo añicos. Esto es así, con lo cual la unidad contra una teoría fascista de exterminio es imprescindible para alcanzar la verdadera paz en Colombia”. Firman la carta, entre otros comandantes, Raúl Reyes. Y así, bombardeado en medio de la noche, sin posibilidad de empuñar su fusil, acaba la vida del Comandante Raúl Reyes, miembro del Secretario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP), así mismo responsable de la creación y dirección del Bloque Sur de esta guerrilla latinoamericana, enfrentada con la oligarquía colombiana desde hace más de 40 años. Luis Edgar Devia, verdadero nombre de Raúl Reyes, se formó como revolucionario al fragor de las luchas sindicales como dirigente en la multinacional Nestlé. Amenazado de muerte, fue testigo de la caída paulatina de muchos de sus compañeros, lo que le lleva a tomar la decisión de pasar a la clandestinidad y sumarse a la guerrilla, coronando así su compromiso con la libertad de Colombia.
Hombre provisto de una gran inteligencia y capacidad de análisis, fue figura importante en las conversaciones de paz de San Vicente del Caguán. Como tantos otros, ya engrosa la lista de revolucionarios caídos por la libertad auténtica de Latinoamérica.
Comandante Raúl Reyes.. Presente ¡!!! Hasta la victoria siempre.
Comunistas3








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