Mar08222017

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Los pueblos del Estado español cumplimos 35 años bajo el régimen constitucional monárquico. Un aniversario marcado por el incremento de las políticas represivas contra todas las fuerzas populares de oposición al mismo, en un contexto de profunda crisis económica y agudización de las contradicciones de clase.

Algunos medios anglosajones han señalado en los últimos meses que "España se encamina hacia una democracia autoritaria", pero lo cierto es que la Constitución española, como constitución burguesa y heredera del fascismo que es, rezuma autoritarismo por todos los poros de sus páginas, desde la indivisible unidad de España frente al derecho de autodeterminación de los pueblos, hasta la imposición de una monarquía corrupta y parasitaria frente a los más elementales principios democráticos.

Se hace cada vez más evidente que la Constitución del 78 es "papel mojado" cuando se trata de los derechos para las y los trabajadores y las clases populares. Los derechos a la vivienda y al trabajo contrastan con las cotidianas imágenes de familias desahuciadas y las dramáticas cifras del paro. La atención sanitaria y la educación pública son desmanteladas y entregadas a empresas privadas. Las mujeres, que sufren doblemente la explotación y el desempleo, son privadas de sus derechos sexuales y reproductivos. Los derechos laborales son ya un recuerdo del mal llamado "estado de bienestar", y los derechos políticos y civiles son recortados ante el incremento de las luchas populares y la toma de conciencia política de las masas. 

Todo esto ocurre por la sencilla razón de que los artículos constitucionales garantizan los intereses de la clase dominante frente a los de la clase obrera y el pueblo. No se puede defender el libre mercado y garantizar el pleno empleo. No se puede defender la especulación y garantizar la vivienda. No se puede defender las privatizaciones y garantizar los servicios públicos como la educación, el transporte o la sanidad. 

No cabe esperar otra cosa del Estado burgués salvo la defensa de sus intereses de clase, pasando por encima de los derechos más elementales de la clase trabajadora. Es por ello que los y las trabajadoras necesitamos, no solo escribir nuestra propia constitución, sino conquistar el poder político que nos permita imponerla. Es por ello que la clase obrera y el pueblo necesitan un programa revolucionario, un programa de resistencia y de lucha, un programa por la conquista del poder.

La República será socialista o no será. Una república donde la economía esté planificada al servicio de la clase obrera, una República donde predomine el control obrero de la producción, una República sin grandes propietarios, terratenientes ni explotadores, donde la mujer y el hombre alcancen igualdad de hecho y de derecho, una República donde el mañana no sea incierto. En definitiva, República y Socialismo para garantizar el futuro de todos y todas.

REPÚBLICA, SOCIALISMO, AUTODETERMINACIÓN

Iniciativa Comunista.