Mar10172017

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Una organización antipatriarcal

"Las relaciones entre los sexos no son simple expresión del juego entre la economía social y la necesidad física. No sería marxismo, sino racionalismo, tratar de reducir directamente a la base económica de la sociedad el cambio de estas relaciones por sí mismas, desligadas de su conexión general con toda la ideología." 

Recuerdos sobre Lenin, Clara Zetkin 


 Nota aclaratoria: las cuestiones que analizamos a continuación responden a la realidad concreta del Estado español y de los países y Estados occidentales de carácter imperialista, cuestión que ha de ser aclarada necesariamente debido a que las mujeres trabajadoras de otros pueblos, situados en el marco de los Estados y países dependientes, es aún más grave y sufren, por tanto, una explotación mayor y diferenciada en las diversas contradicciones derivadas del capitalismo y el patriarcado en sus realidades y condiciones concretas. 

¿Por qué un feminismo de clase? 

La lucha feminista debe realizarse tanto en el espacio público como en el privado; este último quizá constituya la tarea más ardua ya que hemos de combatir contra un engranaje socio-cultural y afectivo forjado a lo largo de nuestra historia. Luchamos por la emancipación de las mujeres desde una per­spectiva materialista, de clase y combativa. Las mujeres sufrimos una doble explotación: capitalista y patriarcal, como género y como clase. El sistema capitalista ha multiplicado las posibilidades de explotación de las mujeres, tanto en tiempo de bonanza económica como en plena crisis, gracias a la alianza con el patriarcado. 

El sistema capitalista integra al patriarcado en su seno y resulta palmaria la íntima conexión existente entre ambas estructuras. El patriarcado no desaparecerá con la abolición de la propiedad privada de los medios de producción persé, dado que el patriarcado impregna toda la superestructura ideológica, la cual continúa ejerciendo influencia tras la abolición de las bases materiales del capital­ismo. Nuestra lucha ha de tener como objetivo superar las contradicciones de género y alcanzar una sociedad sin clases y sin géneros propios de la cultura patriarcal donde las personas tengan el mismo estatus como personas. Para ello es imprescindible dotar al movimiento feminista de un contenido de clase y al movimiento obrero de conciencia feminista. 

Desde Iniciativa Comunista abogamos por luchar por la construcción de un movimiento que defienda lo que apuntó Clara Zetkin en el discurso que pronunció el 16 de octubre de 1896, en el Congreso de Gotha del Partido Socialdemócrata Alemán, donde apuntó que “la lucha de emanci­pación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas”.  Pero esta lucha la vamos a liderar nosotras porque “la emancipación de las obreras ha de ser obra de las obreras mismas”. 

La violencia capitalista y patriarcal, que oprime a las mujeres trabajadoras en su conjunto, se agudiza aún más por cuestiones como la procedencia, el color de piel o la elección afectivo-sexual, entre otras. 

Por ello, y porque en la lucha feminista hemos de hermanarnos para lograr subvertir el sistema imperante, en Iniciativa Comunista abogamos por un feminismo de clase revolucionario que incorpore la perspectiva de género a la lucha política y que cuestione todo aquello que impida avanzar en nuestra emancipación. 

Las mujeres y el capitalismo 

Nosotras dentro del modelo capitalista-patriarcal sufrimos una doble opresión como trabajadoras y como mujeres. Esta doble opresión se está viendo plasmada en las distintas fases del capitalismo. Las mujeres dentro de este sistema hemos sido utilizadas para crear riqueza a la par que bienestar social, siendo nosotras el sustento del modelo familiar burgués en tanto que al realizar el trabajo doméstico de forma gratuita se lo ahorramos al capitalismo al tiempo que el trabajador ha renovado su fuerza de trabajo gracias a las mujeres trabajadoras. Todo ello ha sido legitimado por una superestructura ideológica donde este estatus de la mujer ha sido naturalizado. 

El capitalismo se beneficia de la cultura patriarcal en tanto que le permite desvalorizar la fuerza de trabajo femenina y por ello puede obtener mayor plusvalía de las mujeres trabajadoras. En este sentido se habla de doble opresión de las mujeres trabajadoras, ya que por un lado son explotadas por su condición de clase y por otro están sometidas a los mecanismos ideológicos y estructurales patriar­cales. El sistema de trabajo asalariado deja fuera de consideración todo el trabajo no económico que ejercen las mujeres como educadoras, cuidadoras y propiamente reproductoras del proletariado. In­cluso la perspectiva de la contabilidad salarial en horas de trabajo, invisibiliza las jornadas laborales domésticas porque el trabajo no asalariado difícilmente se puede contabilizar en horas desempeñadas en una misma acción. 

La necesidad de un sistema patriarcal se consolida con la propiedad privada de los medios de producción. La división sexual del trabajo define a los hombres como propietarios de los medios. Las mujeres representamos la piedra angular de la sociedad, por la posibilidad de tener hijas/os y por tanto nuestra función reproductora es central para la perpetuación de la especie y por ende de las sociedades. En base a esta condición biológica se ha levantado todo un sistema de creencias y de ideas que perniciosamente vienen a sustentar el papel de las mujeres como secundario. El capitalismo lo ha potenciado y utilizado en su propio beneficio. Desde el punto de vista económico, nuestra fuerza de trabajo ha sido utilizada para beneficio de los capitalistas pero también de los hombres. 

No debemos olvidar que con la construcción del socialismo, tal y como ya advirtió la camarada Kollontai, no resolveremos automáticamente los problemas derivados del sometimiento patriarcal. Es por ello que debemos construir relaciones y modelos nuevos que sirvan a nuestros intereses como clase y que no nos sean ajenos. Debemos pues evitar reproducir dichos roles que no han sido creados para otra cosa que no sea lograr nuestro sometimiento como mujeres trabajadoras, llegando incluso a utilizar a nuestros compañeros proletarios para oprimirnos y mantenernos enfrentados en el seno de nuestra clase y por tanto no lograr nunca la emancipación de la clase trabajadora en su conjunto. 

Si bien somos plenamente conscientes de que sólo con la revolución socialista podrán comenzar a solucionarse las opresiones derivadas de la alianza intrínseca entre patriarcado y capital de forma definitiva, sabemos también que las obreras debemos luchar por aunar nuestras reivindicaciones concretas al movimiento obrero hoy en día, pues sólo de esta forma podremos caminar hacia nuestra emancipación y concienciar para la sociedad futura sobre las necesidades específicas que nos atañen en nuestra inseparable condición de mujer y trabajadora, no dejando que el socialismo parta de cero en esta lucha quedando esta relegada a un segundo plano. 

Por ello, defendemos la necesaria incorporación de una serie de cuestiones de mínimos relativas a las mujeres trabajadoras a las luchas obreras y sindicales como son: 

  • Igualdad salarial entre hombres y mujeres. 
  • Creación de guarderías gratuitas para niñas y niños de 0 a 3 años, esto es, antes de la escolar­ización obligatoria. 
  • Imposibilidad del despido o pérdida del puesto de trabajo de la mujer por estar embarazada, así como la ampliación de la baja por maternidad sin perjuicio alguno para la trabajadora. 
  • Prohibición y denuncia efectivas, y no sólo formales, de las preguntas personales en las entre­vistas de trabajo 

Desde IC luchamos por los derechos de la clase obrera. Las mujeres estamos doblemente ex­plotadas y oprimidas por el capital y el patriarcado, por ello es que luchamos contra ambos sistemas destruyendo también su alianza. Entendemos que los derechos de las mujeres trabajadoras conquis­tados en el socialismo, son derechos irrenunciables, por lo que no debemos utilizar coyunturalmente una estructura patriarcal contra la que estamos luchando activamente. 

Las mujeres trabajadoras en el socialismo tienen que ver representados y protegidos sus intereses y derechos puesto que se estaría prometiendo el fin de la opresión a la clase obrera en general y, sin embargo, liberando de la misma sólo a la mitad de esta. Si atacamos los derechos de las mujeres estaríamos atacando y restringiendo los derechos de la clase trabajadora en su conjunto. 

Derechos sexuales y reproductivos 

La alianza histórica entre el capitalismo y el patriarcado reproduce las relaciones de poder que rigen las sociedades y, en particular, las relaciones de desigualdad entre los sexos mantenidas por la división sexual del trabajo. 

Entendemos que el aborto no puede ser libre sino tenemos en cuenta el factor económico del mismo. Es por ello que denunciamos que el aborto, como ningún otro derecho, puede ser libre si no es gratuito, pues en el sistema capitalista donde la desigualdad y la miseria de la clase obrera son norma, la privatización de la sanidad supone privar del derecho al aborto a una inmensa mayoría de las obreras que carecen de recursos para acceder a lo que defendemos como un derecho fundamental y universal de las mujeres. De esta forma no se penaliza el aborto, sino que se penaliza a la mujer pobre y trabajadora. De nada sirven tampoco otros partidos burgueses que, mientras dicen defender el derecho al aborto, se sirven de él para lucrarse en las clínicas privadas o para engordar las arcas de un Estado que, lejos de servir al pueblo, sólo redistribuye ganancias entre el capital y sus representantes parlamentarios 

Por ello, Iniciativa Comunista denuncia la política burguesa de lucro a consta de nuestros derechos y reivindica un aborto libre, seguro, gratuito y realizado en la sanidad pública. 

Al cuestionar el criterio de las mujeres para decidir sobre su cuerpo y criminalizar a todas aquellas que no deseen ser madres, las posiciones antiabortistas refuerza nuestro papel como madres y esposas en el ámbito doméstico, que en estos tiempos de recortes se hace todavía más indispensable para el sostenimiento de la sociedad. 

Violencia de género 

Dentro de las relaciones afectivas y de género, encontramos una de las más flagrantes manifestaciones del patriarcado: la violencia de género. La violencia de género es aquella que se ejerce contra las mujeres por el mero hecho de serlo. Es una violencia que se ejerce contra ellas, para someterlas y mantenerla dentro del rol socialmente asignado. Es una forma de control y sometimiento. Hay que entenderla como una violencia basada en el género que incluye todo tipo de violencia, ya sea que ocurra en la esfera pública o en la privada. 

La violencia machista manifiesta la expresión más criminal del patriarcado. El modelo familiar burgués contribuye al apogeo de la violencia familiar y reproduce los valores del modelo capitalista que está ahogando en derechos a la clase trabajadora en la crisis actual. 

Especialmente preocupante es la reciente aprobación del gobierno implantando las tasas judiciales que suponen un obstáculo para las mujeres víctimas de la violencia machista, provocando que algunos de los crímenes queden impunes y generando miedo y temor a denunciar y a seguir con el proceso, por la violencia económica del sistema. 

Con el aumento del paro y la precariedad, las mujeres vuelven obligadas al hogar siendo además las que tienen los trabajos más precarios, de menos horas y menor remuneración. Las mujeres vuelven a depender, dentro del modelo de familia burguesa, del sueldo del hombre siendo ya este precario. Y si ya de por sí, para una mujeres difícil en tiempos de crisis mantener su independencia, para las mujeres víctimas de violencia de género lo es aún más, ya que se encuentran en una situación de desamparo institucional, donde sin ninguna ayuda o bien siendo esta mísera, tienen que mantener a sus hijos/as y no solo nos referimos económicamente sino también al tiempo de dedicación y cuidados. 

Para una mujer sola, que tiene que alimentar y educar a sus hijos/as aún es más difícil encontrar un trabajo ya que tiene que adaptarse al horario escolar. De esta forma son las y los menores, quienes quedan desamparadas/os condenándoles también a la pobreza. Exigimos una sociedad que se haga cargo de sus niños/as colectivamente y que las mujeres puedan ser madres en condiciones de libertad e igualdad. Denunciamos que el capitalismo se beneficia de las mujeres de la clase trabajadora a través dela estructura patriarcal y que condena a las mujeres trabajadoras al ostracismo de la institución familiar burguesa dependiendo del hombre y a la pobreza estructural. 

En este punto hay que valorar también que los recortes sociales están perjudicando aún más a las mujeres víctimas de la violencia machista. La retirada de convenios con casas de acogida a mujeres y la falta de recursos económicos y el aumento del paro femenino, condena a las mujeres a sufrir silenciosamente esta violencia. Además se han reducido los juzgados de violencia contra las mujeres, lo que supone la agonía e incluso la muerte de las víctimas. 

No menos relevante es la violencia sexual ejercida por el hombre dentro del seno familiar en­marcado en los patrones de dominación patriarcal, resaltando que una de las formas de violencia de género es el control del cuerpo de las mujeres. En este sentido no debemos de olvidar que la mayor parte de las violaciones sexuales se producen dentro del seno familiar. En las relaciones de pareja donde existe violencia de género y patrones de dominación es donde la mujer sufre porcentualmente más violaciones. Se añade la dificultad de las mujeres para ser consciente de la violación, ya que al estar dentro de un contexto afectivo, los límites se encuentran más difusos. 

Por ello, desde Iniciativa Comunista entendemos que es necesario educar en igualdad, prohibir la comunicación sexista y el uso de la imagen femenina como objeto de reclamo en los medios, eliminar el lenguaje sexista en todas sus formas, acabar con costumbres y comportamientos arraigados, en apariencia "inofensivos", que no hacen más que perpetuar los roles machistas y de superioridad del hombre respecto a la mujer que el patriarcado nos ha impuesto. 

Mujer y antimperialismo 

El hecho de que el patriarcado como estructura de dominación se haya perpetuado y reproducido a través de las diferentes formaciones socio-económicas le hace impregnar profundamente estructuras simbólicas y esferas de lo inconsciente que configuran las identidades personales y colectivas, además de atravesar toda la superestructura ideológica característica de cada estructura social. 

Ángela Davis, en su libro “Mujeres, raza y clase” ya refleja que “el dominio que sobre el movimiento feminista ejercen las privilegiadas mujeres blancas y las consecuencias que esto tiene: la lucha por la igualdad es deficiente, hay un racismo latente, las preocupaciones u objetivos giran en torno a preocupaciones que responden a sus intereses de clase y no tanto a los de sus hermanas negras, latinas o asiáticas; así, las mujeres blancas de clase media pueden conseguir sus objetivos particulares sin por ello asegurar ningún progreso ostensible para las mujeres del Tercer Mundo o las racialmente oprimidas.” 

La integración en la ideología dominante de este feminismo burgués está rindiendo bien pagados servicios a un imperialismo más criminal que nunca. 

El mejor apoyo que podemos prestar a las mujeres del de los países en conflicto es condenar por principio y desde una posición abiertamente antiimperialista, todas las "intervenciones humani­tarias" internacionales que no sirven más que a los intereses de las grandes potencias y que, encima, "maquillan" la creciente presión del BM y del FMI. Y apoyar sólo a aquellas organizaciones que defiendan proyectos reales de reconstrucción, solidarizarnos más con los movimientos de liberación, luchar contra esta reconstrucción de la autoridad "ética" del imperialismo y, desde luego, colaborar en la solución de las necesidades más reales y urgentes de esas mujeres como la reducción de la mortalidad y de los traumas por maternidad y otras enfermedades de la pobreza. 

No hay que olvidar tampoco que en tiempo de guerra aumentan las violencias contra las mujeres, por la pérdida de garantías democráticas, pero también porque las mujeres son consideradas, según una óptica claramente patriarcal, botín de guerra; "bienes del enemigo" y, por lo tanto, posibles blancos a ser aniquilados. Las mujeres se vuelven objetivos militares por ser parejas, hermanas o madres del enemigo. 

El cuerpo de las mujeres se considera territorio del enemigo y por lo tanto, prolongación del campo de batalla. El conflicto toma forma de distintas maneras en el cuerpo de las mujeres. La más evidente es la violencia sexual que, incluso, ha llegado a ser perpetrada de manera planificada, como una verdadera arma, para perseguir un objetivo político bien definido: la destrucción y el genocidio. 

La crisis estructural del capitalismo y su desesperada búsqueda de nichos de beneficio saca otra vez a escena nuevas formas de acumulación de capital en el que las relaciones de opresión y explotación se entrecruzan: esclavismo, patriarcado, racismo, dominación cultural y lucha de clases. 

La lucha internacionalista que inevitablemente se enfrenta a vida o muerte a la necesidad de destruir el capitalismo y construir el socialismo debe integrar la lucha por la liberación de la clase obrera, dialécticamente ligada a la emancipación de las mujeres y a la lucha por la autodeterminación de los pueblos. 

Sabemos que la unión es el paso fundamental para el derrocamiento de un sistema, por ello la clase obrera debe estar unida en la lucha y dentro de ésta las mujeres. Es esta lucha consciente y organizada la que pone en alerta al sistema capitalista y al patriarcal. La lucha feminista no se puede aplicar de manera transversal si no hay un empoderamiento político de las mujeres que analice su propia problemática. 

Solo a través de la lucha y la creación de redes formales e informales entre nosotras podremos ser capaces de articular un discurso feminista en donde las mujeres seamos la vanguardia contra nuestra específica explotación. 

La lucha será feminista o no será.