Mar09182018

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Las tarjetas rojas caminan a la huelga

 

No es ninguna novedad que las empresas del capital busquen el máximo beneficio a costa del eslabón más precario de la cadena: los trabajadores. Para ello, las empresas persiguen fórmulas de contratación y externalización de sus servicios para que otras empresas cubran su propia actividad y así evitar responsabilizarse de los trabajadores, para evitar el pago de cuotas a la seguridad social, salarios, etc. Por su parte, a las subcontratas también les sale muy a cuenta esta fórmula, porque como bien sabemos, la ley no beneficia a la clase obrera, y la ley y los convenios colectivos permiten que los trabajadores subcontratados cobren prácticamente la mitad que los trabajadores de la empresa principal. Prueba de ello es que desde la CEOE ya han pedido que no haya cambios, pues la patronal podría disminuir sus beneficios. 

 

Frente a los argumentos de necesidad de la "competitividad" de las empresas, nos encontramos con la realidad incontestable: miseria, precariedad y escasez de recursos para la prevención de riesgos laborales y accidentes. Esto es lo que ocurre, entre tantas otras cosas, con los "tarjetas rojas" de la empresa Airbus, trabajadores subcontratados para ésta que trabajan en casetas no acondicionadas, con goteras, sin aislamiento térmico y sin luz, sin sistemas de alarmas y sin prevención de riesgos ninguna. Los trabajadores subcontratados tampoco pueden acceder a los servicios de comedor de Airbus, pues para poder comer y manterse en pie, los tarjetas rojas tienen que pagar el doble que los trabajadores de plantilla de Airbus, y tienen horarios restringidos que no permiten acudir a los comedores. Si tenemos en cuenta que los trabajadores subcontratados cobran un 30% menos que los trabajadores de Airbus, esta situación todavía es más precaria. A todo ello se une la negativa de las sucesivas subcontratas a respetar los escasos derechos y beneficios que han conseguido los trabajadores en las anteriores subcontratas.

 

En este negocio se encuentran 40 empresas que no quieren perderse su trozo del pastel. Empresas como accenture o ferrovial logran beneficios que rondan los 4.000 millones de euros anuales gracias a la precarización de 3.000 trabajadores y la permisividad de Airbus, que busca superar cada año sus beneficios a costa, especialmente, de subcontratar sus servicios.

 

Pero si las 40 subcontratas pisotean a sus trabajadores, los trabajadores de las 40 subcontratas se levantan y son ellos quienes comienzan a pisar fuerte. Los tarjetas rojas han convocado huelga para el 25 de abril tras meses de movilizaciones y asambleas informativas a las puertas de su centro de trabajo y en el Ayuntamiento de Getafe. Llaman a la solidaridad de sus compañeras de Airbus, de quienes pretenden su total apoyo a pesar de no sufrir las mismas condiciones denigrantes. 

 

Demostrar que si los trabajadores paramos, paramos todo, y que este sistema no puede funcionar sin nuestro sudor y nuestra sangre, es fundamental para nuestra lucha. Fundamental organizarnos y golpear como un solo puño contra el capital  para resistir sus embites, para crear conciencia entre las explotadas, para construir una lucha que vaya más allá de las paredes de nuestras fábricas, oficinas, y casetas, una lucha que tiene que llevarnos a tomar el poder y el control de nuestras vidas. Porque no se trata de Airbus, no se trata de Lyma, no se trata de Coca-cola, no se trata de mejores salarios, se trata de organizarnos para no tener que sobrevivir con salarios. No queremos vendernos al mejor postor, a quien haga más dinero con nuestro sudor, queremos ser dueños de y de nuestra fuerza de trabajo, de nuestros destinos. 

 

¡Fuerza a los tarjetas rojas! ¡Todas a la huelga!